PÁSSAROS DO RIO ORINOCO
Uma Canção aos Pássaros da Orinoquia
Canta Tirso Delgado
/D-dj7EKh6z4
Caminaba en la llanura,
repasando una muleta,
le iba contando al camino,
una vuelta y otra vuelta;
viendo las aves volar,
resolví hacerme una apuesta:
Que en un inmenso poema,
buscando la rima y letra,
nombrarlas una por una,
con mi garganta poeta.
Me encaramé en un trompillo,
me senté sobre una horqueta,
divisé un viejo garzón,
exhibiendo su silueta,
gabán pionío y el huesito,
volando hacen la pirueta;
Me acordé del pato güire,
luego la garza paleta,
la morena y la chumbita,
en la rama gorobeta;
las zamuritas que, en grupo,
llegan a una laguneta,
la garcita veranera,
grita cuando está contenta;
se mira una garza blanca,
sobre la azul nube opuesta,
y las lindas corocoras,
cruzan la llanura inmensa.
Del patico latidor,
su nido es balsa maestra,
lo transporta a todas partes,
hasta que el pichón revienta;
se mira el pato codua,
zambullendo en la poceta,
jugueteando el yaguacito;
y el correto se alebresta,
majestuoso el pato real,
tiene la cabeza inquieta,
El patico zumbador,
y el tejé, tienen apuesta,
de caminar los raudales
de la llanura completa.
El patico carretero
acaricia su carreta,
deja escuchar el carraco
su carcajada secreta;
se escucha al toro de monte,
pitando porque no encuentra
su querida compañera
y la noche ya se acerca;
el rojizo bayetón
canta y silba con destreza;
también silba el azulejo,
con las alas entre abiertas;
canta la guacharaquita
con su música de orquesta,
la chiricoca gritando,
también anima la fiesta;
La chenchena en el guamal,
con serenata maestra,
le acompaña el arrendajo
con cántico de poeta;
y el gonzalito travieso,
canta por la misma letra.
Al güérere que madruga,
con su cántico de alerta,
le acompaña alcaraván,
con su cantar de retreta;
El cheo y la mirla siota,
forman una cantaleta;
al tautaco en el estero,
sus cantares se le aumentan;
el cubiro canta alegre,
cuando pasa una tormenta;
la golondrina alza el vuelo,
junto con la tijereta,
si canta la paraulata,
el alma se me atormenta;
nace amarillo el arauco
y ser muy gordo aparenta;
vive alegre el cardenal
sobre la llanura inmensa.
El loro real en la palma,
en el hobo, la pereza;
el titirijí en la mata,
con la lechuza traviesa,
el caminero en el suelo,
corre como una carreta;
la bonita guacamaya,
luce su blanca careta;
dos lindos cascabelitos,
salen de una ceiba hueca;
grita el arrendajo negro
y el piapoco tiene en cuenta,
que el pelícano maligno,
con pichones se sustenta;
el perico cara sucia,
con mastranto se alimenta,
se levanta la perdiz,
con copete de princesa
y una bonita tirana
con color de gallineta.
El toldito en el mamón,
el matraquero en su percha,
si grita un chicuaco de agua,
el mochuelo le contesta;
guarracuco en la sabana,
hace cueva en la banqueta,
Se mira un buche amarillo,
maltratando la cosecha,
y una bandada de cochas,
paradas sobre la cerca,
una nube de arroceros,
cae sobre lindas macetas;
la gurupa en el rastrojo,
que vive comiendo pepa,
y en la montaña el pajuil,
retumba su voz ronqueta,
una pava montañera,
grita y grita sin pereza.
Se escucha al carrao lejano
anunciando la tormenta,
y turupial de agua, silba,
con mucha delicadeza;
se lamenta la guacaba,
con su pico de peineta;
el pequeño tucucito,
ninguna flor deja quieta,
y que la quincha fatigosa,
más grande es una peseta;
del pájaro diostedé,
su pico es fina segueta,
cucarachero hace un nido
y al turpial se lo presta;
el gavilán altanero,
las gaviotas atormenta,
pero alcaraván playero
las defiende por su cuenta;
el zarnícalo descubre,
desde lo alto la maceta,
del manso gallito de agua,
que en el boral se aposenta,
un gallito azul turquí,
de cualquier bajío revienta;
muy quieto el pájaro vaco,
en el caño se encuneta,
el carpintero en su hueco
y bujío, el suelo calienta,
y el pobre llama a la plaga
en un mogote se aquieta.
El negrito tarotaro
picotea la tierra suelta,
un par de terén tentenes,
al estero dan la vuelta;
va el águila rapiñosa,
volando a diestra y siniestra,
con la águila medio luto
y la amarilla careta;
a un solitario origüelo,
el servidor espavienta,
chirigüare en tasajera,
anuncia la carne fresca;
el tente cuida a los niños
y el chirlobirlo impacienta,
chicuaquito siempre roba
los huevos a la culeca;
del bonito liberal,
rojita es su pluma esbelta;
una paloma torcaza
sale de entre la maleza,
y van cinco especies más
siguiendo la línea recta;
el rey zamuro en un tronco
se sacude y se encopeta,
viendo a guaras y zamuros,
que allá abajo en una calceta,
se comen una novilla
que ayer tarde estaba muerta.
Si se me olvidaron aves,
perdonen, amigos míos,
mi memoria esta indispuesta.
Dê o caminho para a vida! Deixe-os atravessar!

Aves do Orinoco (Documentário)
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Patos e Corocoras