MÚSICA LLANERA

LA CUENTA QUE NO DA NADA (Poema a la Madre)
Yo voy a pagar la crianza que le debo a mi mamá;
para eso le cobraré, porque ella me debe más:
Veinte años tengo cumplidos, cinco voy a rebajar;
y de los quince que quedan, los cobraré a mi mamá;
quince años de servicios que abajo voy a explicar:
He sido un utilista a la orden de mamá;
por la compra del carbón, te cobro un peso diario,
que suman treinta al mes, trescientos sesenta al año.
Por comprarte los aliños, los frijoles y la sal,
también te cobro un peso, para que sean treinta mensual;
si suman treinta mensual trescientos sesenta al año,
total 720, rebajando los regaños.
Por traé la leña y agua, también te cobro un peso al día;
la panela y el jabón, lo dejo por la comida;
de mil ochenta anual es la cuenta que presento,
multiplicada por quince, dieciseis mil doscientos.
La madre, la madre oyó aquella cuenta que su hijo le cobraba
y muy sonriente le dijo: Ven acá, hijo del alma.
La suma que pides, no la tengo en efectivo,
pero te doy el conuco y ciento, ciento cincuenta chivos.
Esta casa onde vivimos, también te la voy a dar;
voy a hablar con mi comáe para irme para allá.
Eso es to lo que tengo, me lo dejó tu papá,
que tú no lo conociste, por estar de corta edad.
Pero aquí te pongo mi cuenta, la que vas a rebajá:
9 meses te cargué, no te los voy a cobrá;
después de tu nacimiento, tuviste una enfermedad,
me trasnoché quince días: eso no te vale na;
los ahorros que tenía, que me dejo tu papá,
los gasté cuando enfermaste.
Tampoco hijo, tampoco te vale na...
Dándote comía en la boca hasta dos años de edad,
pura sopita de auyama, eso no te vale na.
Después, te dio sarampión; te llevé pa la ciudad.
Ahí, vendí los cochinitos.
Tampoco hijo, tampoco te vale na...
Te lavaba los pañales to los días de madrugá,
porque solo tenías cuatro; eso no te vale na.
Para secá los pañales, los tenía que planchar.
Por no dormí, me enfermé;
pero así seguí luchando hasta lograr que sanaras,
quedando bastante débil.
Tampoco hijo, tampoco te vale na...
Hijo, si alguien te dijo que había dinero guardao,
pues yo creo, creo que has entendío,
pues muy bien te lo he explicao.
De veinte años, nueve meses es la cuenta que me da,
multiplicada por cero, total, total hijo, total no me debes na...
Aquel hijo arrepentido del gran error cometido,
llorando dijo: Señora, señora, no merezco ser su hijo.
Hijo, no digas así, eso sí me parte el alma.
No existen hijos malucos para el amor de una madre;
además, yo te perdono,
ante Dios y ante los hombres, tú siempre serás mi hijo.
Olvidemos los errores...
Gracias mamá, muchas gracias, por el perdón inmerecido;
pero trabajaré muy duro, ese será mi castigo.
Y de ahora en adelante, todo me lo dejas a mí:
El conuco y las gallinas; trabajaré para ti.
Esta lección recibida que tú me acabas de dar,
bastante falta me hacía; nunca la podré olvidar.
La crianza, la crianza nunca se paga.
El precio es incomparable:
No hay dinero en este mundo para pagarle a una madre.
Espero que todos los niños comprendan bien la lección;
los de aquí de mi país, también los del exterior...
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